¿Por qué fracasan los proyectos de e-learning?
- 0 Kommentare
- 19272 Aufrufe
- Bewertungen





Sergio Vasquez Bronfman, consultor en sistemas innovadores de aprendizaje, nos presenta un extracto de su ponencia en el Symposium Expoelearning 2006. En este texto analiza los factores que influyen en el éxito de un proyecto de elearning.
Cuando se observa lo que realmente ocurre en los proyectos de e-learning, no se puede menos que constatar que existen muchos fracasos y pocos éxitos. En este pequeño texto intentaremos explicar algunas causas de estos fracasos.
Comencemos con un par de historias de fracasos. Desde al año 2000 hasta la fecha, una multinacional del sector de la auditoría ha invertido más de 500 millones de dólares en un proyecto de e-learning con el objetivo de dar formación a todos los empleados en todas partes del mundo. En el papel un proyecto así tiene mucho sentido; sin embargo, cuando se observa lo que realmente ocurre, no se puede menos que pensar que es un fracaso. En efecto, las estadísticas muestran que los empleados de la multinacional en general no hacen los cursos e-learning que se les proponen y, cuando los hacen, las opiniones van de "inútiles" a "detestables".
Otro ejemplo: una multinacional europea del sector de las telecomunicaciones pidió a una multinacional americana del sector Internet (y en general, de las TIC) que formara a sus ingenieros en el sistema operativo UNIX. Los americanos vendieron un sofisticado sistema de “live e-learning”. El curso consistía en un ingeniero (que sabía de Unix) que explicaba a sus “alumnos” qué es Unix y como trabajar con dicho sistema operativo. Las explicaciones se daban vía Internet y aparecían en tiempo real en una gran pantalla (que hacía las veces de "pizarra") situada en la sala donde estaban reunidos los “alumnos” (a miles de kilómetros de su profesor). En dicha pizarra aparecían transparencias Powerpoint, y en la esquina superior izquierda aparecía la imagen del profesor explicando las transparencias. Como además de "live", dicho e-learning era "interactivo", los alumnos podían hacer preguntas a su profesor. Pero nadie preguntó nada. Porque al cabo de media hora todo el mundo se aburrió y los alumnos abandonaron poco a poco el aula.
¿Cómo podemos analizar estos fracasos, cuáles pueden ser sus causas principales? A nuestro juicio, la primera de ellas es lo que Seymour Papert, del Media Lab (Massachussets Institute of Technology) llama el tecnocentrismo. Esto consiste en la falacia que refiere todas las cuestiones a la mejor o peor calidad de la tecnología disponible. Una visión tecnocéntrica del e-learning nos llevará a centrar los esfuerzos (en particular los esfuerzos financieros) en utilizar tecnologías sofisticadas, como videoconferencia por Internet o bien vía satélite, sistemas multimedia con mucha imagen y sonido, etc. O bien nos hará fijarnos sobre todo en las funcionalidades de la plataforma e-learning, en el tipo de ordenador que podemos comprar, etc. En materia de políticas públicas, ya a comienzos de los años 80 las conversaciones se centraban en las características de los micro-ordenadores. Se apuntaba esencialmente a crear el mejor ratio posible de alumnos/ordenador en las escuelas, institutos, y universidades. En años recientes ha ocurrido lo mismo con respecto a la conexión a Internet. Todo esto es sin duda necesario o deseable, pero el problema es que se piensa que es suficiente cuando dista mucho de serlo, como nos muestra sobre todo el segundo de los dos ejemplos citados.
Sin embargo, hay ya bastantes profesionales del e-learning que han tomado conciencia del impase al que lleva el tecnocentrismo. Se han centrado entonces en los contenidos. Pero esto tampoco ha sido la solución, como nos lo muestra el ejemplo de la multinacional de auditoría. La causa de ello es lo que llamamos el infocentrismo, que es una concepción (sumamente difundida) de la educación que postula que enseñar es esencialmente transmitir información (o conocimientos) a través de clases donde el profesor "explica" cosas a sus alumnos. Y en modo e-learning, los alumnos pueden acceder a dicha información a través de Internet. Los alumnos deben memorizar dicha información y para saber si la han memorizado adecuadamente hacemos unos tests de memorización de información que llamamos "exámenes". Cuando las cosas se hacen un poco mejor la formación incluye ejercicios de aplicación de los conocimientos memorizados.
En el caso de la formación en empresas, el infocentrismo postula implícitamente que si la información se ha transmitido correctamente (es decir, las explicaciones son claras), entonces la aplicación en el puesto de trabajo (o sea, la práctica) es obvia. Y el problema es que justamente la aplicación de los conocimientos adquiridos no es nada obvia. No lo es en el laboratorio o en los estudios de casos, y lo es aun menos en las empresas.
Las consecuencias del infocentrismo para la industria del e-learning son tan catastróficas como las crea el tecnocentrismo. En efecto, desde una lógica infocéntrica lo que se debe hacer es "empaquetar" información sobre un cierto tema para con ello hacer un "curso". Los cursos son entonces una sucesión de contenidos más o menos bien empaquetados, a los cuales se agregan una serie de ejercicios bastante triviales. El acento se pone en el recorrido del alumno a través de dichos contenidos, en el aspecto más o menos lúdico de ellos, y cada vez más en la ingeniería industrial de producción de dichos contenidos. No es de extrañar entonces que la industria de contenidos e-learning tienda estructuralmente a ofrecer productos estandarizados donde se compite por precios.
Pero lo más grave de todo es que cuando una persona hace uno de esos cursos en una empresa o en una universidad, se asume muchas veces que al final del curso esa persona sabrá "hacer" lo necesario en la materia en cuestión: negociar, gestionar proyectos, comunicar, analizar finanzas, diseñar software, psicoanalizar a una persona, etc. Craso error. El infocentrismo crea lo que llamamos la brecha entre “saber” y “hacer”, causa fundamental que muchos cursos e-learning sea evaluados como “inútiles”.
Zusätzliche Dokumente:
Dieser Beitrag wurde bisher noch nicht kommentiert.


